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Por qué no respondo en castellano cuando me lo hablan

Algunos castellanoparlantes se quejan cuando, al viajar por España y hablar en castellano, les contestan en otra lengua. Normalmente, estos comentarios van acompañados de otros en los que resaltan la educación de quienes sí les responden en español.

Pero considero esta máxima moderna —para ser educado hay que dirigirse a la otra persona, inmediatamente, en el idioma en que te habla— una expectativa completamente equivocada. Pienso que viene de no conocer bien cómo funciona una sociedad plurilingüe. Durante este artículo intentaré explicar qué errores se esconden tras esa frase y convencerte de que abandones ese principio, si lo tenías por cierto.


En una sociedad en la que se hablan dos idiomas, es casi garantizado que habrá gente que hable los dos y gente que hable solo uno, pero esa simplificación es muy engañosa. En realidad, hay que considerar las diferentes capacidades de producción y comprensión tanto en el plano oral como escrito. Es decir, entre una persona y un idioma hay cuatro relaciones a examinar: si es capaz de entenderlo cuando se lo hablan, si es capaz de hablarlo, si es capaz de leerlo y si es capaz de escribirlo.

Por simplificar, vamos a centrarnos solamente en la parte oral. Imaginemos dos personas, Almudena y Covadonga, que viven en Asturies. Almu sabe hablar castellano y entiende, aunque no se maneja bien, el asturianu. Por su parte, Cova entiende y habla tanto castellano como asturianu. Como Almu solo sabe hablar castellano, ella se expresará siempre en este idioma; pero como entiende ambos, Cova puede comunicarse con ella a placer tanto en castellano como en asturianu.

Aquí radica la clave de todo este asunto y que a algunos monolingües les resulta inesperado: ¡una conversación entre dos personas no requiere que ambas empleen el mismo idioma! Lejos de ser un desaguisado, lleva ocurriendo desde que el mundo es mundo y los pueblos se mezclan y conviven. No ser capaz de expresarse en un idioma no significa que no se pueda comprender. Muchos españoles son capaces hoy en día de ver series o escuchar música en inglés comprendiendo lo que se dice, pero han de acudir a clases para hablarlo con cierta soltura: es el mismo caso.

Así pues, que Almu inicie una conversación con Cova hablando en castellano y esta le responda en asturianu no supone ningún problema. La hipotética falta de educación que se teoriza solo podría darse si Almu efectivamente no entendiese asturianu. En cualquier territorio de España donde convivan dos lenguas, la expectativa es que cualquier persona es potencial conocedor de ambas, así que no es ningún feo contestar en la que más le plazca a nuestra hipotética Cova.

¡Ah!, estará pensando alguno, ¿pero y si Almu no entiendese asturianu? ¿Eso no sería feo? Pues claro… pero solo una vez Cova sea consciente de ello. Lo maleducado no es hablarle a alguien en un idioma que no sabe, lo maleducado es hacerlo cuando eres consciente de que no lo sabe. Si Almu no entendiese asturianu y Cova le estuviese hablando en esa lengua, no tendría más que decir «perdona, es que no entiendo el asturianu, ¿podrías hablarme en castellano?». Y asunto arreglado. Este intercambio tampoco puede resultar extraño para ningún monolingüe que saliese de España. Es probable que al visitar París, por ejemplo, el camarero se nos dirija en francés, nosotros quizá no le entendamos bien y le pongamos ojillos de cordero mientras pedimos “…In English?” y ambos acabemos chapurreando palabras sueltas para recorrer el menú.

Es solo en el caso de que Cova insistiese en hablar asturianu, sabiendo que Almu no lo entiende, y pudiendo ella expresarse en castellano, cuando podría estar resultando maleducada… pero ni siquiera siempre. Hay multitud de contextos donde el idioma es el que es y el que solo sepa castellano, simplemente, tendrá que apañárselas o irse a otro sitio. El más patente es la enseñanza regulada en general, como las clases de universidad. Las asignaturas suelen tener el idioma fijado de antemano. Pretender que en una clase programada para ser en catalán la mera presencia de gente que no lo entiende provoque un cambio del temario sí es mala educación y no al revés.

Más aún: fuera de la lengua en que se imparta y den apuntes, es un derecho de los estudiantes poder dirigirse a los profesores en el idioma oficial que ellos quieran; exactamente igual que lo es del ciudadano a las administraciones. El profesor debe amoldarse, como parte de su trabajo, para poder atender a los estudiantes. Su oficio de profesor no es acumular conocimientos para sí, sino ser capaz de transmitirlos a los estudiantes. No tiene un derecho inalienable a ejercer como le plazca, no es autónomo en una isla desierta. Si no sabe comunicarse con su población, no cumple los requisitos, así de fácil.

Para terminar, y volviendo ya al ámbito general, existe una última razón por la que corresponder al idioma que te hablan no solo no es necesario, sino que es perjudicial, y es que beneficia desproporcionadamente a las lenguas más extendidas. Si cada vez que se junta un hablante de lengua grande con un hablante de lengua pequeña optamos por hacer la conversación entera en la lengua dominante, su presencia aumentará de forma exponencial hasta ahogar a la otra, reforzando esa desigualdad. Lo ofensivo quizá es, entonces, vivir en un territorio y no hacer esfuerzo ninguno a lo largo de los años en aprender el idioma propio de ese sitio.

Por eso en Galicia, aunque la gente me habla en castellano, yo respondo en gallego. Con total naturalidad. Si esa persona me dice que no lo entiende, probablemente le cambie de idioma. Pero no voy a dejar de hablar mi lengua mientras no sea necesario. Y —espero que ahora estés de acuerdo— eso no me hace maleducado.