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La revisión de Informática

El 18 de febrero tuve el parcial de Fundamentos de Informática. Era un examen que constaba de tres partes: una primera tipo test, sobre hardware y teoría de Visual Basic; una pregunta de desarrollar sobre hardware y sistemas operativos, y una tercera de creación de una pequeño programa en VB. La verdad sea dicha, yo me consideraba que iba sobrado, fui muy relajado, el examen era absurdo y salí muy contento. Joder, en VB programaba yo hace cuatro años en 4º de ESO…

El día 14 de marzo salían las notas. Un 6.8. Bueno, es casi un 7. Pero a mí me sentó como un tiro. La gente a la que yo ayudaba con las prácticas había sacado punto y medio más que yo. Demonios, ¡era mi terreno! Sacar menos de 9 implicaba que o me había teleportado a un universo paralelo sin saberlo o aquí había habido un error.

Puedo decir que en ese momento me sentí indignado, así que decidí ir a la revisión. Revisión que era el día 18 de marzo, viernes, a las 10 de la mañana. No habría problema si no fuese porque el día 17 eran las fiestas del patrón, fiestas no caracterizadas por su autocontrol y moderación precisamente.

Así que, decidido a desfacer el entuerto que había mancillado mi honor, me levanté temprano ese día y cogí el bus. Ya he comentado que ir en bus a la universidad suponen 40 minutazos. Pues bien, llegados allí, yo y otros dos que encontré en el bus, nos ponemos a buscar el despacho del profesor.

Preguntamos en Información, y nos mandan a Sistemas. Entramos, recorremos un laaaargo pasillo, mirando cada nombre en cada puerta, y no lo vemos. Entonces recuerdo que había nombrado algo del ala nueva, y vamos hacia allí. El ala nueva es una especie de laberinto, porque esta dividido en departamentos con nombres muy parecidos de asignaturas de quinto. Creo que en ese momento supe lo que sentía Teseo buscando al Minotauro. Como no encontramos nada, volvemos a Sistemas. Allí, tomamos valor y preguntamos. Que no, que está en el ala nueva. Vuelta para allí.

Total, para llegar a la puerta, tras seguir las indicaciones que nos dan, y ver un flamante cartel que dice La revisión se aplaza a después de Semana Santa. Tócate los cojones. Imaginaos a tres chavales ojerosos, cansados, y jodidos tras haberse saltado la fiesta del día anterior, habiéndose levantado temprano y engullido tres cuartos de hora en bus, para ir a observar un cartel que, diría yo, se estaba riendo de nosotros en nuestra cara. La gracia es que, entre pitos y flautas, había pasado un cuarto de hora. Estábamos en la hora límite para coger el bus. El siguiente, dentro de una hora. O media hora, y luego cruzar a pata media ciudad. Así que salimos corriendo, llegando a la parada justos para subirnos. Mientras volábamos por los pasillos, no podía evitar pensar en la Ley de Murphy… quién debía estar durmiendo ese día, porque hubiese sido un colofón genial para el cabreo que tenía encima. Y para la cara de gilipollas que llevaba.

Pues bien, la fecha se aplazó al día 7 de abril, jueves. El día anterior teníamos prácticas de Informática. Al llegar al aula, nos recibe ronco y anuncia que al no poder hablar aplaza las prácticas de hoy y de mañana. Y se va. Sin decir nada de la revisión. Y dejándome sumido en las dudas.

Claro, estando ronco no puede dar clase… ¡pero puede hablar! Puede mantener una converación cara a cara, que no tiene que forzar la voz. Además, no dijo nada de que la aplazase. Y mira que si no voy y al final sí que era… Así que la historia se repite, y me vuelvo a levantar temprano (con lo que me gusta a mí esa sana costumbre…) y a tragarme otros 40 min para volver a ver el mismo burlón cartel (en ese momento hubiese pagado 100 euros por un mechero para poder prenderle fuego en venganza). Y otros 40 minutos de vuelta a la ciudad. En total, hora y media que podía haber estado sobando. Lo gracioso es que yo había sido el único en ir. El único pringado. Casi más que joderme el no dormir, me jodió la cara de gilipollas que se me había quedado.

Finalmente, se convoca la revisión para el jueves 21. Vale, guay. Pero unos días antes, la adelanta al miércoles 20, de 11.00 a 13.30. Genial. Tengo práctica de álgebra hasta la una, y cuando llegue va a estar lleno de gente. Así que me apresuro a hacerla (por suerte tocó una corta) y a las 12 bajo al despacho… para encontrarme un pasillo muy parecido al de una oficina de legalización de inmigrantes. Gente hacinada contra las paredes, bolsas apiñadas, caras de llevar allí cuatro años, muertos de aburrimiento… Menos mal que llevaba el Criptonomicón en la mochila, porque me tiré allí algo más de dos horas. Es increíble lo que tardaba la gente en salir.

Por fin, mi turno, y entro. Está atendiendo a otra chica, pero me hace pasar porque los exámenes están apilados en una babeliana y desordenada torre. No, no, no, no, no, no, no, no… este es. Por fin voy a poder saber qué demonios le han hecho a mi examen para ponerme un ultrajante 6.8.

¿Y qué le hicieron? Pues dárselo a hacer a un imbécil. No sé cómo coño hice, pero ese examen podía haber batido cualquier récord de la Gran Enciclopedia del Disparate. ¿Iba borracho o qué? Creo que mientras lo leía hasta me debí poner rojo. Así que dejé mi examen arriba de todo de la pila, me levanté y cogí la mochila. El profesor me dijo ¿Ya te vas? con cara de pero si ni te he explicado en qué has fallado. No hacía falta.

Le despaché con un sólo quería verlo y salí de ahí. Intenté quitarme de la cabeza el sentimiento de vergüenza y de culpabilidad por mi petulancia (ni siquiera me había parado a considerar que de verdad me hubiese equivocado).

Pero, sobre todo, intenté quitarme la cara de gilipollas que llevaba encima. Y que me iba a durar unas cuantas horas…