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Irmandiños: A Revolta, dí­a 2 [parte 1]

Diantres, mi memoria es volátil. Si mal no recuerdo el sábado amaneció temprano, o eso o dormí­ poco. Que va a ser lo segundo. Chapoteando por el barro nos dirigimos a unas duchas muuy engañosas. Veréis, fuera hací­a un frí­o que pelaba, pero mirabas la caseta de las duchas y te entraba el gustirrinÃín al observar el vaho que impregnaba las ventanas. Casi podí­as sentir el agua hirviendo. Como habréis deducido ya, las duchas eran realmente dispensadores de cubitos de hielo líquidos, supongo que por ambientarnos más y hacernos sentir como auténticos seres medievales. Por suerte la iniciativa se quedó ahí­ y el desayuno, un minibrick de zumo Eroski, un minibrick de cacao Eroski y unas magdalenas (ya no sé si Eroski o no) era de corte más moderno.

Tras la formación de rigor en el patio de armas, nuestro querido Berséker Pimentel nos informa de que la escoria irmandiña se prepara para atacarnos, y nos reparten en puestos. Por suerte o por casualidad, enví­an a todos los Zúñiga a la Atalaya, un caseto en medio de la nada, allí­ en el quinto pino, en lo alto de una montaña. Ay, cómo echo de menos reí­rnos de los Zúñiga… mira que eran pringaos macho xD. El caso es que los Fonsecos y nosotros nos encargamos de zonas más próximas al castillo, concretamente un arco de piedra que se defendía solo, otro arco que era impenetrable, y la encrucijada de algo más abajo.

Dos comandos Pimentelianos y dos Fonsecos nos encargamos de la encrucijada. Las órdenes eran formar cerrando el paso, y si recibí­amos dos golpes, subí­amos al arco impenetrable, donde Conan y el resto esperaban de refuerzos. Uno se pregunta por qué no le soltaban a él, a lo Cid post-mortem correteando por Valencia, si ya salí­an acojonados los otros. De hecho nos enteramos de que los Irmandiños decían de él que se habí­a agenciado unos 80 garbanzos ganando a todo el ejército nobiliario en duelos 1 contra 1. De icono social a leyenda en dí­a y medio. Supera eso, Jesucristo.

El caso es que unos cuantos de los de la encrucijada se guarecieron en unos matojos cercanos, más adelante. La idea era que cuando los irmandiños se estrellasen contra nuestra formación y nuestros escudos, los comandantes gritasen “Lume!” (“Terra, Auga, Corazón, Capitán Planeta!!”… bueno eso no pero hubiera quedado bien) y entonces ellos salí­an y les rodeaban por detrás y nos los papábamos.

El tema es que los Irmandiños sí­ eran algo eran avispados, y nos hicieron esperar su buen par de horitas. Claro, ellos se pegaban la caminata padre desde su campamento, así­ que comieron tempranito. Y mientras, nosotros, con una gusa infernal, de pie, bajo un sol de justicia, esperándoles. Ocasionalmente, quien se ganó el apropiado apodo de Montaraz avanzaba a otear.

Y finalmente, cuando ya comenzaba a nublar, aparecieron. Fue todo un poema. Una multitud embravecida, cargando contra un enemigo invisible… que cuando se hizo visible se cagaron vivos. Al vernos con los uniformes, los escudos “paveses”, en perfecta y cerrada formación, se les fue toda la fuerza en la boca y pararon en seco. Provocándonos, a ver si alguien rompí­a la lí­nea. Y nosotros, sonriendo socarronamente y diciéndoles que eran ellos quienen querí­an tomar el castillo, que vinieran a por él. Ahí­ fue donde a alguien se le fue la pinza, y a pesar de que no había llegado ni la mitad de la acometida, gritó “Lume!” y los pobres alojados en los matojos salieron, encontrándoselos de lado. Ahí­ ya fue el caos, y a pesar de que intenté mantener la lí­nea, si no hay lí­nea, qué vas a mantener. De todas formas ahí­ mató gente hasta el gato del conserje, y los irmandiños pusieron pies en polvorosa como blindado paladí­n frente a monstruo corrosivo. Apenas tuvimos un muerto. Recibió leches hasta el chavalito de 14 que hací­a de hijo del Rey Zúñiga. Resulta que salió todo envalentonado tras los huidizos Irmandiños, y un compañero Pepino que le vio dijo ostia mira que escapa y empezó a leches con él.

Mientras tanto, los Fonsecos defendí­an el arco de piedra (que no sé ni por qué los otros lo atacaron, porque eso no se tomaba ni con todo el ejército de la Tierra Media). Por su parte, los Zúñiga sufrieron bajas masivas, y donde digo masivas es que murieron todos, en la Atalaya. En su defensa (grr), diré que estaba amañado para que fuera así­, como después comentaré.

El tema es que empezó a llover y nos piramos a comer. De nuevo, jugando a dónde está Wally versión bocata de jamón. Durante la comida, alguien recordó un tema que se habí­a sacado ayer a la cena: llevaban dí­as sin pagarnos los maravedí­es. Uno es un mercenario y no trabaja gratis. Pero se nos dijo que se nos pagarí­a a su debido tiempo.

De vuelta al albergue, a reposar la comida y perder el tiempo.