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¿Dónde está la frontera?

Está clara una cosa: Perdidos es una serie que triunfa. Especialmente, no sé por qué, entre los que estamos en el lado electrónico de la brecha digital. Lado en el que otro tipo de programas triunfan menos. ¿Seremos más cultos? Eso pensaba, pero empiezo a cuestionarlo. Seguid leyendo.

Aclaro que yo personalmente no he visto nada de Perdidos. Y el que me reviente un solo y nimio detalle no volverá a hacerlo una vez le extirpe los globos oculares y se los meta por las orejas. Ya me reventaron anteayer el final de Sexo en Nueva York y juro que tendré mi venganza en esta vida o en la otra. Cagoenlaputa. Es que ya ni con tus colegas puedes estar a salvo. Si alguno se da por aludido, sí, hablo de vosotros, sí, estoy MUY cabreado por ello, cabrones, y no, jamás os perdonaré. No bromeo.Ostia ya.

El tema es que, bueno, como ya he dicho, he leído mucho sobre Perdidos y todo el mundo me insta a verla. Y a pesar de que tengo algún capitulo suelto descargado, aún no lo he visto. Algo me echaba atrás. Lo más curioso es que no sabía qué era, algo en mi interior me decía “no, no te va a gustar”. Y hace escasos minutos me di cuenta. Era que me recordaba a algo. A “Supervivientes”.

¡Diablos, no! No tiene nada que ver. Aunque si lo piensas… son las aventuras de un grupo de personas viviendo en una isla desierta. Sus relaciones, sus problemas, sus búsquedas de comida y sus rencillas. Coño, si es que lo mismo. ¿Y por qué Perdidos lo considero una obra cultura y Supervivientes no? Alguno pensará “es que a mí me da igual lo que le pase a Pocholo”. ¿Y lo que le pasa al medicucho de Jack? (es el único que me suena) ¿Por qué preocuparse por las desventuras de un actor interpretando un papel es culto e intelectual y las de una tonadillera interpretando otro papel (más sutil) no lo es?

Es un tema algo raro. Cuando veo que la gente ve el Tomate les increpo por preocuparse de lo que le ocurre a la Esteban. Y justo tras eso digo “y ahora me voy que quiero saber qué le ocurre a Joey en el siguiente capítulo”. Belén Estebán y Matt LeBlanc cobran por que nos enganchemos a sus historias. Quizá las de Joey sean más elaboradas, pero entonces, ¿dónde está la frontera entre la prensa del corazón y las series de ficción? (o los libros, las películas, etc.) ¿En la calidad de las mismas? Una densa trama como la de Al Bano y su hija, que estaba perdida y luego dicen que apareció en Sudamérica y estaba casada y luego no lo era, etc (de algo me entero), ¿se considera a la altura de, pongamos, Mujeres Desesperadas? El cotilleo morboso es muy similar. Al menos, lo del Al Bano es más intrincado que la sosísima primera temporada de Ángel, dicho sea de paso. ¿Es peor ver Ángel que ver Salsa Rosa? No parece tan descabellado, si de calidad del argumento se trata.

Y sin embargo, una cosa es cultura y otra no. Por joss, no vayáis ahora a entender que defiendo la prensa rosa. ¡Nada más lejos! Cuando acabe con los que me revientan series (y os aseguro que vais a sufrir, malditos rompetramas) comenzaré con la chusma rosa. Los meteré a todos en un plató con los de los reality shows y haré del mundo un lugar mejor con la ayuda de un lanzallamas. Es sólo que me vino este pensamiento a la mente y me vi desarmado, sin saber qué responder (¡sin réplica mordaz!). Toda mi vida de arengas contra el corazón y puede que yo mismo sea un corazonadicto, pero a otras historias, que duran 40 minutos y las emiten una vez a la semana.

Por favor, que alguien me ayude y me diga que no soy de esa calaña. ¿Dónde está la frontera? Me siento tan inferior y paleto…